1. No mirarnos a nosotros mismos
30 (13-31) Entonces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y poseámosla; que más podremos que ella. 31 (13-32) Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; porque es más fuerte que nosotros.
Caleb y Josué trataron de lograr que se los escuchara, pero la gente estaba tan excitada que no podía tener la calma suficiente para oír a estos dos hombres. Cuando se tranquilizaron un poco Caleb se aventuró a hablar. Dijo a la gente: “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”. Pero los hombres que fueron con ellos dijeron: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”. Y siguieron repitiendo su mal informe, y afirmaron que todos los hombres eran de elevada estatura. “También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. – {HR 163.1}
2. Esforzarnos y ser valientes
9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.
3. Luchar como sí todo dependiera de nosotros
12 Entonces Josué habló á Jehová el día que Jehová entregó al Amorrheo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los Israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, Luna, en el valle de Ajalón.
El Espíritu de Dios inspiró la oración de Josué, para que se manifestara otra vez el poder del Dios de Israel. Por consiguiente, la petición no evidenciaba presunción por parte del gran caudillo. Aunque Josué había recibido la promesa de que Dios derrocaría ciertamente a los enemigos de Israel, realizó un esfuerzo tan ardoroso como si el éxito de la empresa dependiera solamente de los ejércitos de Israel. Hizo todo lo que era posible para la energía humana, y luego pidió con fe la ayuda divina. El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el Brazo todopoderoso. El hombre que exclamó: “Sol, detente en Gabaón, y tú, Luna, en el valle de Ajalón”, es el mismo que durante muchas horas permanecía postrado en tierra, en ferviente oración, en el campamento de Gilgal. Los hombres que oran son los hombres fuertes. – {PP 485.2}
4. Elegir a Dios sin dudar
15 Y si mal os parece servir á Jehová, escogeos hoy á quién sirváis; si á los dioses á quienes siervieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, ó á los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos á Jehová.
No es necesario que conozcamos los resultados del curso de acción que seguiremos antes de entregamos plenamente a Dios. No necesitamos ver el camino o saber qué nos deparará el futuro. Una cosa sabemos, porque Dios lo ha dicho: el hombre que teme a Dios y obra justicia será aceptado por El. Esto es todo lo que necesitamos saber. Día tras día camine con humildad y contrición delante del Señor. Su destino futuro depende de su propio curso de acción. “Escogeos hoy a quién sirváis”. Josué 24:15. “Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él”. 1 Reyes 18:21. Sea una cosa o la otra. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Lucas 16:13. Su felicidad presente y su bienestar futuro dependen de su propia elección. Si escoge servir a Jesús tendrá que obedecer las palabras: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24. – {ATO 71.3}
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