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quarta-feira, 1 de maio de 2024

Nutriendo las bases - 1 Corintios 3

A. Leche y alimento sólido

Pablo esperaba que los corintios maduraran y crecieran, pero aún se comportaban de forma infantil. Peleas sin sentido y trivialidades como el centro de atención. Deseaba que los hermanos pudieran madurar y crecer conforme a lo que habían aprendido. Buscó frutos y solo encontró hojarasca, mucha hojarasca. Quienes tenían que ser referentes para el mundo, querían reclamar de todo y no asumir ninguna responsabilidad, querían ser bebés. Pero, el tiempo había avanzado, y era hora de dejar de beber leche y comenzar a comer alimento sólido.

Les recuerda que, aunque podrían haber expertos en técnicas sofisticadas y avanzadas de producción; el crecimiento había sido provisto solo por Dios. Quien riega y cultiva son apenas testigos del milagro que el cielo realiza estaba realizando. Es Dios quien conduce el crecimiento de su iglesia y de sus hijos. La conversión y la formación de la iglesia son milagros que Dios opera; por los cuales podemos tan solo alabarle y glorificarle.

B. Los cimientos

Existen muchos tipos de materiales. Cada uno debe elegir con qué edificara su vida, su hogar y su iglesia. Hay materiales de alta y baja calidad. Pero solo Cristo en el fundamento de nuestra vida nos permitirá crecer y ser verdaderamente felices. Todo lo que se edifique encima, por lo tanto, debe estar en armonía con este cimiento. Esto es sin duda una advertencia contra los líderes de Corinto, quienes estaban levantando un liderazgo que creaba disensión entre los hermanos. Es por esta razón que Pablo afirma que “si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada” (1 Corintios 3:12-13).

Quiere decir que, llegará un día, Pablo dice, cuando Dios manifestará lo que nadie sabe, y dará a conocer públicamente las intenciones del corazón. Esto ocurrirá en ocasión de la segunda venida de Jesús. En el caso del creyente, una vida de obediencia y fidelidad al Salvador le traerá grandes recompensas. 

Por ello, La sabiduría humana, asevera Pablo, es una locura, la sabiduría que apenas busca la jactancia y el aplauso de los otros es necedad ante Dios. Ningún ser humano debe gloriarse en su propia sabiduría. Entonces, una vez más se nos insta a no basar nuestra fe y menos aún, hacer que nuestra salvación dependa de un líder carismático o popular; en vez de enorgullecernos de que seguimos a tal o cual líder, gloriémonos en Cristo, el creador y fundamento de la iglesia. Los miembros de Iglesia, consiguientemente, no deben dividirse en torno a disputas que buscan ensalzar líderes humanos. Los líderes son de la iglesia, y nosotros le pertenecemos a Jesús. Si bien Dios siempre levanta hombres y mujeres para guiar a su pueblo, puede ocurrir que algunas personas mal entiendan el concepto del discípulo, ensalzando a esas personas al punto de olvidar que el fundamento de la iglesia es Jesús. Dios nos invita a que no nos abanderemos en favor de esos hombres y mujeres sino que trabajemos para el Señor de la iglesia.

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