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segunda-feira, 30 de setembro de 2013

Leamos hoy Salmos 54



Salmos 54 –Salmo de David,

Amigos?


Cuando vinieron los zifeos a Sául para decirle por dónde andaba David.

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
Y con tu poder defiéndeme.

Oh Dios, oye mi oración;
Escucha las razones de mi boca.

Porque extraños se han levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. Selah

He aquí, Dios es el que me ayuda;
El Señor está con los que sostienen mi vida.

El devolverá el mal a mis enemigos;
Córtalos por tu verdad.

Voluntariamente sacrificaré a ti;
Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.

Porque él me ha librado de toda angustia,
Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.





Aquí David,


I. Se queja a Dios de la maldad de sus enemigos y pide socorro contra ellos (vv. 1-3).
II. Se consuela con la seguridad del favor y de la protección de Dios y con que sus enemigos quedarán confundidos, y él será libertado (vv. 4-7).

El gran apuro en que se hallaba David. Los zifeos vinieron de su propia voluntad a informar a Saúl del paradero de David, con la promesa de entregarlo en sus manos.

La oración de David a fin de que Dios le socorra y proteja (vv. 1, 2). David no tiene ninguna razón en que apoyarse sino el nombre de Dios, y ningún otro poder en que sostenerse sino la fuerza de Dios, y de éstas dos perfecciones divinas hace su refugio y confianza. Incluso en su huida, cuando no tenía oportunidad para dirigirse solemne y tranquilamente a Dios, estaba continuamente elevando su corazón a Dios (v. 2): Escucha mi oración, que me sale del corazón, y da oídos a las palabras de mi boca (lit.).

Su defensa se basa en el carácter de sus enemigos. Este versículo es citado en Salmos 86:14, donde se lee zedim = orgullosos. En todo caso, eran peores que los filisteos; y también se nos habla de hombres violentos; ahora se refiere, sin duda, a Saúl y sus seguidores. Saúl, como rey, debería haber usado su poder para proteger a todos sus buenos súbditos; pero, en lugar de eso, abusaba de su poder para destruirlos. Saúl y los suyos no se contentaban con menos que con dar muerte a David (v. 3). No han puesto a Dios delante de sí –añade David (v. 3c)--; es decir, deberían haber tenido en cuenta que Dios castiga la maldad y la violencia, pero se han negado a considerar la justicia y el poder de Dios, y que, al luchar contra los buenos hijos de Dios, estaban luchando contra el mismo Dios.

Habla de su liberación como cosa hecha (v. 7): «Porque me has librado de toda angustia, y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos» Es lo que se llama un «pretérito profético». Teniendo en cuenta que el hebreo de la última frase dice literalmente: Y mi ojo ha visto en mis enemigos, no hace falta introducir el vocablo «ruina»; ni siquiera el de «derrota»; basta con el de «fracaso» o «retirada», a la vista de 1 S. 23:27, 28, cuando Saúl se retiró de perseguir a David simplemente porque le dieron la noticia de que los filisteos habían hecho una irrupción en el país. Todo lo que David deseaba era verse a salvo de la persecución de Saúl y cuando vio que Saúl retiraba sus fuerzas, vio cumplido su deseo.



Nos encontraremos con personas difíciles en la vida, a algunas de las cuales tendremos que ponerles límites. Pero ceder a la tentación de desacreditarlas o perjudicarlas de algún modo no es lo que Dios desea. En cambio, debemos orar por ellas, ser considerados, procurar lo mejor para sus vidas y elogiar sus facetas positivas. Esto puede lograr que un enemigo se convierta en un amigo.

No todos reaccionarán bien, pero podemos orar por una relación más armoniosa y planificar cómo conseguirla.


Durante la Guerra Civil en los Estados Unidos, el odio prevaleció entre el Norte y el Sur. En una ocasión, criticaron al presidente Abraham Lincoln por hablar de tratar con benevolencia a los rebeldes sureños. Los críticos le recordaron a Lincoln que estaba desarrollándose una guerra, que los confederados eran enemigos y que debían destruirlos. Pero el presidente respondió con sabiduría: «Yo destruyo a mis enemigos cuando los convierto en mis amigos».



Aún en esos momentos vale la pena confiar en el Señor:



“Porque él me ha librado de toda angustia”


Dios te bendiga!

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