By
Marvin Moore
LAS TRES TENTACIONES DE SATANÁS
Dios rara vez nos advierte acerca de la tentaciones de Satanás antes de que las encontremos. Así que, si Jesús iba a ser nuestro ejemplo en la superación de la tentación, entonces estoy razonablemente seguro que el tuvo que reconocer las tentaciones de Satanás en el desierto de la misma manera que nosotros reconocemos las nuestras, manteniendo una relación cercana con el Padre y estando en guardia a cada momento.
La primera tentación
Satanás se acercó a Jesús con la misma estrategia que uso con Eva: disfrazarse y aparecer como algo o alguien más de lo que realmente era.
"Cómo si fuera una respuesta a sus oraciones, se presentó ante el Salvador un ser que parecía un ángel del cielo" DTG, 93.
Y como lo hizo con Eva, Satanás trató de hacer que Jesús dudara de la Palabra de Dios. A Eva le dijo:
"¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del huerto?" (Génesis 3:1)
A Jesús le dijo:
"Si en verdad eres hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan" (Mateo 4:3)
Poco más antes de cuarenta días antes, Jesús había oído decir a Dios:
"Tú eres mí hijo amado, estoy muy complacido contigo" (Lucas 3:22)
Ahora Satanás trató de hacer que Jesús dudara de esas palabras alentadoras. Nota que Jesús no entró en ninguna conversación con Satanás. Ese fue el primer error de Eva, ella trato de explicar lo que Dios realmente había dicho; que podían comer de cualquier árbol del jardín, excepto de aquel desde el cual la serpiente le hablaba. El punto importante es que Jesús no trató de razonar con Satanás ni de explicarse. Simplemente citó un versículo de la Biblia.
"Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre; sino de toda Palabra que sale de la boca de Jehová" ( Mateo 4:4 cf. Deuteronomio 8:3)
Satanás se aprovechó de las circunstancias de Jesús en ese momento. No había comido nada en cuarenta días, y la Biblia dice que "tenía hambre" (Mateo 4:2) Decir que Jesús tenía hbre suena muy suave. ¡Realmente estaba hambriento! Satanás nunca vendría a nosotros con la tentación de hacer un milagro para saciar nuestra hambre porque él y nosotros sabemos que no podríamos hacerlo. Eso es lo que hizo que el desafío a Jesús fuera tan poderoso. Debido a que Jesús era tanto divino como humano, él podía obrar un milagro para proveerse alimento. Jesús tenía dos razones para negarse a la tentación de Satanás en este punto. Primero, tenía una política muy estricta de nunca hacer un milagro en su propio beneficio. Segundo, Jesús se convirtió en un ser humano con el propósito específico de enfrentar la tentación de la manera que nosotros debemos hacerlo, tú y yo no podemos hacer milagros para proveernos de comida cuando tenemos hambre. Para ser como nosotros, Jesús tenía que depender de Dios para proveerse de alimento.
Si ele hubiera usado su poder divino para satisfacer su hambre convirtiendo las piedras en pan, él no habría sido un ejemplo para nosotros al enfrentar las tentaciones de Satanás.
El exceso de deseos físicos es desenfrenado en nuestro mundo actual, incluyendo desde el consumo de alimentos insalubres y la sobrealimentación de buenos alimentos hasta la inmortalidad sexual, la embriaguez y las drogas callejeras. Violamos las leyes de la salud para satisfacer nuestras emociones distorsionado, y pagamos un alto precio con varias enfermedades y estrés mental y emocional. Lo peor de todo es el daño que estos hábitos hacen a la naturaleza espiritual.
Puede que Satanás no nos exija que hagamos un milagro para probar que somos hijos de Dios, pero seguramente nos tienta a dudar del amor y el cuidado de Dios por nosotros. El apóstol Juan dijo:
"Ahora somos hijos e hijas de Dios" (1 Juan 3:2); sin embargo, tenemos ser demasiado pecadores como para que Dios nos perdone.
Ahora bien, podríamos decir: "Oh, pero Jesús no pecó". Y es muy cierto. El fue sin pecado para poder pagar la pena de muerte por nuestros pecados y así ganar el derecho de perdonarnos, porque somos pecadores. Su muerte por nosotros fue precisamente por nuestra pecaminosidad. El murió para que podamos estar absolutamente seguros de que una vez que lo aceptamos como nuestro Salvador, nos arrepentimos de nuestros pecados y los confesamos, somos verdaderamente hijos e hijas de Dios.
Así que, no dejes que Satanás te atrape en la idea de que no eres lo suficientemente bueno para que Dios te acepte. Porque incluso si aún no has cumplido las condiciones, puedes hacerlo.
La segunda tentación
El diablo perdió con su primera tentación, pero tenía dos refuerzos. En su siguiente tentación llevó a Jesús "a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo" y le dijo: "Si eres el hijo de Dios, tírate abajo. Porque está escrito: 'Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.'" (Mateo 4:5,6)
Es fácil preguntarse por qué era tan tentador. Tratar de hacer que Jesús convirtiera una piedra en pan en un momento en el que estaba hambriento tiene sentido. ¡Pero ninguna persona normal estaría tentada a tirarse por un precipicio! Eso sería una estupidez, y estoy seguro de que Satanás lo entendió tan bien como tú y yo.
Hay por lo menos dos cuestiones relacionadas en esta tentación, que nos ayudan a darle sentido.
La primera es la misma que en la tentación de Satanás de volver las piedras en panes. Ambas tentaciones estaban precedidas en las siguientes palabras: "Si eres hijo de Dios". Satanás estaba exigiendo que Jesús probará lo que él (Satanás) ya sabía que era verdad: que Jesús era verdaderamente el hijo de Dios.
La segunda cuestión es que Satanás estaba tratando de hacer que Jesús manipular a Dios.
En la primera tentación, Satanás trató de hacer que Jesús dudara de Dios y realizará un milagro para sí mismo en su nombre. En la segunda tentación, además de tratar de hacer que Jesús creará una situación que demandará que Dios realizara un milagro a favor de Jesús. Y puesto que había citado la Biblia en respuesta a la primera tentación de Satanás, está vez Satanás se las arregló para encontrar un texto Bíblico que pudiera torcer y así hacer que Jesús exigiera un milagro de parte de Dios.
Pero Jesús no fue persuadido. Otra vez no trató de razonar con Satanás. Al contrario, citó otro verso de las Escrituras: "También está escrito: 'No pongas a prueba al Señor tu Dios'" (NVI) o, como dice la nueva Reina Valera 1960: "No tentarás al Señor tu Dios'" (Mateo 4:7).
La tercera tentación
Para entonces, Satanás se dio cuenta de que Jesús sabía exactamente quién era, y cesó todos los esfuerzos por ocultarse. Llevó a Jesús a una montaña muy alta e hizo pasar delante de él a todos los reinos más hermosos del mundo.
"La luz del sol hería ciudades llenas de templos, palacios de mármol, campos fértiles y viñedos cargados de frutos. Los rastros del mal estaban ocultos. Los ojos de Jesús, hasta poco tiempo antes afectados por una visión de lobreguez y desolación, contemplaban una escena de insuperable belleza y prosperidad" DTG, 103.
Entonces, Satanás dijo: "Todo esto te daré si te posteas y me adoras." (Mateo 4:9).
Satanás comprendió muy bien la naturaleza de la misión de Cristo en el mundo. Había leído a los profetas del Antiguo Testamento, y sabía que el Señor pondría "sobre él (Jesús) la iniquidad de todos nosotros". (Isaías 53:6) Sabía que Jesús iba a ser "maltratado y humillado" y sería llevado "cómo cordero al matadero" (Isaías 53:7). Eso es lo último que Satanás quería. Decía en efecto: "Tengo un plan mejor para ti Jesús. Si aceptas mí oferta no tendrás que sufrir la agonía del Getsemaní, el juicio ante el sanedrín y Pilatos, la tortura de la flagelación y la cruz."
Sin embargo, cómo había hecho con Adán y Eva en el Edén, Satanás hizo declaraciones que eran engañosas y verdades a medias para tentar a Jesús. Satanás le dijo a Eva que al comer el fruto ella conocería el bien y el mal como Dios lo hizo. Lo que él no le dijo es que su declaración de que ella no moriría fue una mentira descarada. Tampoco le advirtió que al comer el fruto traería sufrimientos indescriptibles a ella misma, a su esposo y al mundo.
Fue lo mismo con Jesús. Lo que Satanás no le dijo fue que él, tenía dominio sobre el mundo solo a discreción de Dios y que, al inclinarse ante él, Jesús perdería el mismo conflicto por el que había venido al mundo.
"Cuando el tentador ofreció a Cristo el Reino y la gloria del mundo estaba proponiendo que Cristo renunciaste al verdadero reinado del mundo y ejerciese el dominio sujeto a Satanás" DTG, 103.
Satanás tuvo éxito con Eva. Afortunadamente, fracasó totalmente con Jesús. La respuesta de Jesús a Satanás fue brusca y directa: ¡Vete Satanás! Luego citó otro versículo de las Escrituras: "Porque escrito está: 'Adora al Señor tu Dios y sirvele solamente a él'" (Mateo 4:10; Deuteronomio 6:13).
Satanás se nos acerca hoy usando las mismas estrategias que usó con Eva y Jesús. Nos tienta a creer que está bien perder los estribos porque percibimos que hemos sido tratados injustamente, cuando en realidad la mejor solución al problema es responde con calma, planteando las preguntas, asumiendo la responsabilidad personal donde sea necesario, y señalando hechos al otro lado de la pregunta que arrojan una luz diferente sobre el problema. Satanás nos tienta a hacer que el dinero, la posición o el poder sean nuestra mayor prioridad. Él nos tienta a darnos placer y entretenimiento mientras descuidamos el estudio Bíblico, la oración y el compañerismo con otros creyentes. O nos tienta a comer comida que sabe agradable, pero no es buena para nosotros, y a beber lo que nos hace sentir bien, pero que nubla nuestras mentes para que no entendamos las lecciones espirituales que Dios quiere que aprendamos. Una de las estrategias más inteligentes y exitosas de Satanás es hacernos trabajar emocionalmente al punto que nuestros sentimientos prevalezcan sobre nuestra razón y sentido común.
LAS SECUELAS DE LAS TRES TENTACIONES.
Lucas nos informa que "el diablo, habiendo agotado todo recurso de tentación, lo dejó hasta otra oportunidad." (Lucas 4:13).
Elena de White escribió que "Satanás no tuvo poder para recibir la orden (de Cristo). Retorciéndose de humillación e irá, se vio obligado a retirarse de la presencia del Redentor del mundo. DTG, 104.
Jesús, por otro lado, cayó exhausto al suelo, con la palidez de la muerte en el rostro. Los ángeles del cielo habían observado el conflicto, contemplando a su amado Comandante mientras pasaba por indecibles sufrimientos para crear una vía de escape para nosotros. Había soportado la prueba, una prueba mayor que cualquiera que podamos ser llamados a soportar. Entonces, los ángeles, mientras estaba postrado cómo moribundo, sirvieron al hijo de Dios. Fue fortalecido con alimentos y consolado con el mensaje de amor de su Padre y con la seguridad de que todo el cielo triunfó en victoria. DTG, 105.
¡Qué victoria para Jesús, para todo el cielo, también para ti y para mí!
"Cuando nos veamos asaltados por las tentaciones, no miremos las circunstancias o nuestra debilidad, sino el poder de la Palabra. Toda su fuerza es nuestra. “En mi corazón he guardado tus dichos—dice el salmista,—para no pecar contra ti.” “Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor.” DTG, 99.