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sexta-feira, 6 de dezembro de 2013

Leamos Hoy Salmo 120



Leamos hoy

Salmos 120

"Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, y de la lengua fraudulenta" Salmos 120:2

David compuso los Salmos 120 y 121 poco después de la muerte de Saúl. Para David significó una gran pérdida. Sabía que cuando desapareciera la Influencia protectora de Samuel, Saúl lo perseguiría con mayor furia que nunca. Es muy probable que el mentiroso fuera Saúl, pero algunos han sugerido que podría ser Doeg el edomita (3 CBA, 919)
El pedido de David era ser librado de la mentira y la lengua fraudulenta. Santiago 3:5 y 6 aclaran este pedido:
" Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno"

Es verdad que muchas veces fuimos afectados por lo que otras personas hablaron de nosotros, pero cuantos fueron afectados por lo que nosotros hablamos?
El pedido de David no solo era ser librado de lenguas extrañas; sino también que su lengua quedase libre de toda mentira, engaño, chisme o calumnia.
La siguiente ilustración muestra el efecto que pueden llegar a tener los comentarios.

LAS PLUMAS.

Había en una Empresa una empleada que siempre sembraba discordia entre los compañeros. Hablaba mal de todos, pero, naturalmente, a espaldas del pobre de turno que era criticado y no se podía defender. Se imaginarán que en la oficina había un clima enrarecido y todos se miraban con fastidio los unos a los otros.
El Jefe de Personal que estaba al tanto de estos "diremes y diretes" no quería lastimar a esta empleada, despidiéndola. Entonces, un día se le ocurrió una idea y optó por llamarla y le dijo:

- Señorita Marnel, necesito encargarle una tarea, y quiero pedirle que la realice al pie de la letra. Usted no comprenderá de momento, pero confíe en mí, pues luego de realizada la tarea y cuando hayan sucedido todos los acontecimientos que tendrán que suceder, yo le explicaré y usted entenderá, se lo aseguro-

La empleada tomó nota de todas las especificaciones de la tarea que debía realizar.
La tarea consistía en ir a un comercio especializado y comprar diez kilogramos de plumas de ganso. Cargarlos en su auto y estacionarse frente a la plaza principal del pueblo, descargar los diez kilogramos de plumas de ganso en una esquina de la plaza y regresar.

Pero una cosa era imprescindible: las plumas debían quedar sin ningún envoltorio. Sólo debía disponerlas en un montón sobre la vereda. Eso era todo.

-Una cosa más - dijo su jefe - Por favor, no deseche las cajas, pues vamos a necesitarlas.

La empleada se apresuró a realizar la tarea, tan meticulosamente como pudo; pero casi no podía entrar dentro del auto cuando cargó todas las cajas.
Al llegar a la esquina convenida, observó en el reloj de la plaza que eran las 16:00 hs.. Por suerte, una hora más tarde estaría saliendo de la oficina para irse a su casa. Descargó todas las plumas y las dispuso en un montón. Al menos, eso trató. ¡Diez kilogramos de plumas de ganso!

- ¿Qué significará este conjuro? - pensó la señorita Marnel, y mientras sentía la mirada penetrante de los sorprendidos transeúntes sobre ella, no pudo dejar de preguntarse - ¿Se estará volviendo loco mi jefe?

Terminada la tarea regresó a la oficina. Pidió a un cadete que cargara las cajas y se dirigió a la oficina del Jefe de Personal.

- Señor he acabado la tarea encomendada - dijo, como esperando que una banda del ejército comenzase a tocar y el presidente en persona viniese a colocarle una medalla al mérito. ¡Vaya que lo merecía!

El jefe se sonrió mientras el cadete apilaba en un extremo de la oficina las cajas que su empleada había traído de regreso por expreso pedido de él.

- Señorita, ha realizado usted una buena tarea. Muchas gracias. Puede marcharse. Mañana hablaremos.

Cuando salió del despacho tenía ganas de contarle a todos la locura de su jefe, ¡estaba totalmente paranoico! Pero era la hora de salida y estaba cansada.
Cuando subió a su auto notó que se estaba levantando viento y cuando llegó a las proximidades de la plaza, que le quedaba de camino hacia su casa, vio plumas por doquier, volando por los aires. ¡Qué desperdicio de dinero! se dijo a sí misma mientras doblaba hacia su casa.

Esa noche hubo un tremendo vendaval. El viento sacudía los vidrios de su ventana como queriendo sacarlos de cuajo. El temporal arreció durante varias horas.
Cuando a la mañana siguiente llegó a las proximidades de la oficina parecía que todo había sido sembrado de plumas. Las había de todos los tamaños, de todas las texturas. Estaban por dondequiera ponía la mirada. En los parabrisas de los autos estacionados, en los marcos de las ventanas, en los umbrales. Hasta en los postes de la luz y en el semáforo de la esquina.

- ¡Qué cosa tremenda! - se dijo la señorita Marnel - ¿Qué dirá de esto mi jefe? - musitó con una sonrisa maliciosa.

Al llegar a su escritorio sonó la campanilla del teléfono. Era el jefe.
- Señorita Marnel - le dijo - ¿Puede pasar por mi oficina? Tengo otro encargo para hacerle.
¡¿Otro encargo?! pensó perpleja la empleada. ¿Qué se le habría ocurrido ahora?

Cuando abrió la puerta del despacho del Jefe de Personal, lo primero que notó fue la montaña de cajas apiladas sobre el escritorio.
- Señorita Marnel - dijo pausadamente el hombre - ¿Podría usted volver a colocar en estas cajas las plumas que dejó ayer en la esquina de la plaza?

La empleada miró a su Jefe con visible espanto en los ojos.
- ¡Imposible Señor! ¡Es verdaderamente imposible! ¡Nadie podría realizar esa tarea! ¡Sólo Dios!
El hombre se puso de pie y sonriendo le dijo:

- Señorita Marnel este pedido mío que usted realizó en el día de ayer, fue mi mejor manera de decirle que eso que sucedió con las plumas es lo que sucede con sus chismes que usted coloca aquí y allá. Sopla un viento y sólo Dios podría juntarlos otra vez.

Que Dios nos guarde de ofender con nuestros comentarios, que nos de la inteligencia y sabiduría para hablar palabras de edificación y de bendición para las demás personas.


























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