El té, el café, y el tabaco, así como las bebidas alcohólicas, constituyen diferentes grados en la escala de los estimulantes artificiales. CRA 506.4
El efecto del té y del café, como se ha mostrado hasta ahora, tiene la misma tendencia que el del vino y la sidra, el licor y el tabaco. CRA 506.5
El café comporta una complacencia dañina. Si momentáneamente excita la mente a una acción inusitada, el efecto posterior es agotamiento, postración, parálisis de las facultades mentales, morales y físicas. La mente se enerva, y a menos que por un esfuerzo determinado se venza el hábito, la actividad del cerebro se disminuye en forma permanente. Todos estos productos irritantes de los nervios están agotando las fuerzas vitales, y la inestabilidad causada por los nervios destrozados, la impaciencia, la debilidad mental, llegan a ser un elemento de combate, que antagoniza con el progreso espiritual. ¿No debieran, pues, los que defienden la temperancia y la reforma, estar alerta para contrarrestar los males de estas bebidas perjudiciales? En algunos casos es tan difícil quebrantar el hábito de beber té y café, como para el alcohólico terminar con el uso del alcohol. El dinero gastado en té y café está más que malgastado. Estos sólo perjudican al que los usa, y esto en forma continua. Los que emplean té, café, opio y alcohol pueden a veces vivir hasta una edad avanzada, pero este hecho no es ningún argumento en favor del uso de estos estimulantes. Lo que estas personas debían haber realizado, pero dejaron de lograrlo, debido a su hábito intemperante, sólo lo revelará el gran día de Dios. CRA 506.6
El té y el café están creando un apetito por estimulantes más poderosos, como el tabaco y el alcohol.—Testimonies for the Church 3:569 (1875). CRA 517.1
La relación del crimen con la intemperancia es bien comprendida por los hombres que tienen que tratar con aquellos que traspasan las leyes del país. Según las palabras de un juez de Filadelfia: “Podemos achacar cuatro de cada cinco crímenes que se cometen a la influencia del licor. No hay un caso en veinte cuando la vida de un hombre está en juego ante un tribunal, en el cual la bebida no sea la causa directa o indirecta del asesinato. El licor y la sangre, o sea, el derramamiento de sangre, van tomados de la mano.—Drunkenness and Crime, 7. Te 21.2
Elevado porcentaje de crímenes atribuidos al licor—Nueve de cada diez personas que son llevadas a la cárcel son individuos que han aprendido a beber.—The Review and Herald, 8 de mayo de 1894.
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