La casa del mal agradecido es habitada por gente que cree que la bendición no es un regalo, sino un derecho.
Hay una historia fascinante sobre un rey piadoso que se sintió perturbado por la ingratitud de su corte real. Les preparó un gran banquete. Cuando el Rey y sus invitados estaban sentados a la mesa (según los planes), un mendigo entró arrastrando los pies al salón, se sentó a la mesa del rey y se atiborró de comida. Sin decir una palabra, salió del salón. Los invitados se enfurecieron y pidieron permiso para prender al vagabundo y descuartizarlo por su ingratitud. El rey respondió: "Ese mendigo le ha hecho solo una vez al rey terrenal lo que cada uno de ustedes hace tres veces al día con Dios. Se sientan a la mesa a comer hasta que están satisfechos. Luego se van sin reconocer a Dios, ni expresarle una palabra de agradecimiento".